Refugio Hábitat Temporal: una arquitectura enterrada que emerge desde el paisaje árido de Betancuria como una topografía habitable.
RHT · Refugio Hábitat Temporal es una propuesta de arquitectura turística diseñada por KovBor Arquitectos para Betancuria, Fuerteventura, Islas Canarias. El proyecto responde a la necesidad de ampliar la oferta turística desde una arquitectura integrada en el paisaje, sensible al clima árido, al carácter volcánico y a la identidad natural del lugar.
Betancuria es uno de los enclaves históricos más importantes de Fuerteventura. Su paisaje montañoso, su clima seco y su relación con el turismo convierten el emplazamiento en un territorio idóneo para una arquitectura de baja huella visual, pensada desde el respeto al entorno.
La propuesta organiza cuatro módulos habitacionales alrededor de un patio central. Cada módulo plantea una forma distinta de habitar: refugio familiar, alojamiento para viajeros individuales, estancias grupales y espacios de contacto directo con la naturaleza.
El cielo, las montañas, el agua y la vegetación xerófila se convierten en los verdaderos protagonistas del proyecto. El refugio se plantea como una arquitectura silenciosa, vinculada a la experiencia del paisaje, la sombra, la materia y el paso del tiempo.
El edificio se entierra parcialmente en el terreno y emerge mediante picos que evocan una geología artificial, como montañas abiertas tras un volcán. Esta estrategia permite reducir el impacto paisajístico, mejorar el comportamiento climático y construir una experiencia de alojamiento vinculada al territorio.
Los materiales principales son el acero corten, la piedra característica del lugar y superficies blancas de cal. La combinación de estos elementos busca una arquitectura contemporánea, sobria y enraizada en el paisaje volcánico de Fuerteventura.
Espacios pensados para una estancia pausada, íntima y vinculada al patio.
Refugios para viajeros que buscan silencio, paisaje y contacto con la naturaleza.
Áreas compartidas para turismo activo, convivencia y experiencias colectivas.
Habitaciones orientadas hacia el cielo, la montaña, el agua y la vegetación local.
Una arquitectura que no se posa sobre el paisaje: se entierra, respira y emerge desde él.
La axonometría muestra la organización general del conjunto: cuatro módulos de alojamiento articulados en torno a un vacío central. Este patio actúa como espacio de encuentro, regulador ambiental y punto de orientación dentro del proyecto.
Los alzados muestran una silueta contenida, fragmentada y cercana a la lectura del paisaje. La pieza se integra en el entorno mediante una presencia mineral, donde los picos emergentes recuerdan a montañas abiertas tras un proceso volcánico.
Las secciones permiten entender la relación entre arquitectura y terreno. El refugio se entierra parcialmente para protegerse del clima árido, construir sombra, controlar la exposición solar y generar una experiencia interior más próxima a la cueva, al patio y al paisaje.
La materialidad del proyecto parte de una lectura directa del entorno. El acero corten introduce una presencia mineral y oxidada, próxima a los tonos volcánicos del paisaje. La piedra local ancla el edificio al terreno, mientras que la cal blanca aporta luz, frescor y continuidad con la arquitectura tradicional de las Islas Canarias.